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for: whoever is reading this
subject: story of a vampire

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No sé si estas palabras llegarán a alguien ni si existe aún quien pueda comprenderlas, pero escribo igual, como si al hacerlo pudiera sostener algo de lo que fui antes de que el tiempo terminara de borrarme.
Nací en el año de 1726, aunque decirlo ya no significa demasiado, es apenas una forma de recordar que alguna vez tuve un comienzo.
Mi infancia no fue otra cosa que un invierno prolongado. Crecí en una casa donde el frío parecía formar parte de las paredes y donde el silencio pesaba más que cualquier palabra. Mi madre vivía atrapada en una fragilidad constante, respiraba con dificultad y cada uno de sus suspiros parecía un esfuerzo demasiado grande para un cuerpo tan débil. Yo pasaba las noches despierto, observándola, convencido de que si dejaba de hacerlo algo irreversible ocurriría. Nunca tuve poder alguno sobre su destino.De mi padre conservo poco, su presencia era irregular y su afecto inexistente. Era una figura que cruzaba los espacios sin dejar rastro, como si ya entonces la ausencia fuese su única forma de existir. Aprendí a no llamar la atención, a moverme en silencio, a ocupar el menor lugar posible dentro del mundo.Tal vez por eso la noche me reconoció cuando llegó el momento.La noche en que morí no tuvo nada de extraordinario. No hubo señales ni advertencias, sólo una sensación extraña en el aire, como si algo invisible estuviera a punto de quebrarse. Recuerdo el instante en que todo cambió, la violencia súbita, la imposibilidad de defenderme, la certeza de que mi cuerpo había dejado de pertenecerme. El dolor no fue una herida concreta sino una invasión total, algo que me atravesaba y me vaciaba al mismo tiempo. Sentí cómo la vida se desprendía de mí con una lentitud insoportable y en ese último momento pensé en mi madre, en su respiración débil, en todo lo que no iba a poder decirle.Creí que aquello era el final.Pero no lo fue.Desperté sin aliento y sin latido, con una conciencia distinta y con una necesidad que no podía comprender. La sed apareció antes que cualquier pensamiento, una urgencia absoluta que anulaba todo lo demás, una fuerza que no dejaba espacio para la duda ni para la resistencia. No elegí lo que hice, simplemente ocurrió, como si algo dentro de mí hubiese tomado el control y yo me limitara a observar.Con el tiempo dejé de observar y empecé a participar.Los años que siguieron se volvieron indistinguibles entre sí. Me movía de un lugar a otro sin detenerme, guiado únicamente por esa necesidad constante. Aprendí a reconocer la vulnerabilidad en otros, a esperar el momento exacto, a acercarme sin ser percibido. Me convertí en algo eficiente, en algo preciso. No pensaba en las personas como tales, eran sólo un medio para calmar una exigencia que nunca desaparecía del todo.No sentía culpa, y esa ausencia era lo que más me alejaba de lo que alguna vez había sido.En algún punto, después de mucho tiempo, algo empezó a cambiar. No fue una decisión noble ni un acto de arrepentimiento, fue cansancio. Cansancio de las miradas, de los últimos instantes, de la repetición constante de la misma escena. Me di cuenta de que estaba atrapado en un ciclo que no tenía final y que cada vez me resultaba más insoportable.Fue entonces cuando dejé de buscar a los hombres.No esperaba encontrar una alternativa, pero la encontré. La sangre animal no era lo mismo, no tenía la intensidad ni lograba silenciar por completo la sed, pero era suficiente para mantenerla bajo control. Suficiente para evitar convertirme, cada noche, en aquello que ya sabía que era.Desde entonces vivo así, en una especie de equilibrio inestable, sosteniéndome en una decisión que debo repetir constantemente. No hay redención en esto, sólo una forma distinta de persistir.El monstruo no desaparece, no se debilita ni se disuelve con el tiempo. Permanece intacto, esperando el momento en que deje de resistirme. Y aunque he aprendido a contenerlo, sé que sigue ahí, formando parte de mí de una manera que no puedo separar.Si alguien llega a leer esto, que entienda que la eternidad no es un don ni una bendición. Es simplemente una prolongación de todo aquello que uno no pudo resolver en vida.Y en mi caso, eso nunca fue poco.— Mar